Espejos apalabrados

Laberinto

 

En un laberinto de palabras

encierro mis recuerdos.

No vuelvo la mirada.

Alargo mis manos

y cojo del pasado

las estrellas que oscurecen.

Una lágrima de luz

les contagia su brillo.

Bautizo nuevos astros

paridos en antiguas explosiones.

Mis ojos adivinan nuevos horizontes.

 

Claudia C.

 

 

 

Destino

 

Domingo.

Detrás la semana que fue.

Sin adjetivaciones.

Y tú te levantarás

a la hora necesaria,

y dirás las palabras de la semana,

las palabras convenientes.

Pronto te descubrirás más arrugas,

tu cuerpo irá envejeciendo.

Pero tú te levantarás,

de todas formas

a la hora señalada,

necesaria.

Y dirás las palabras correspondientes.

Nunca otras.

 

 

Oscar Calvo Amorín

 

 

Táctica y Estrategia 

 

Mi táctica es mirarte,

aprender como sos,

quererte como sos,

 

mi táctica es hablarte y escucharte,

construir con palabras un puente indestructible.

 

mi táctica es quedarme en tu recuerdo,

no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos.

 

mi táctica es ser franco y saber que sos franca,

y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos.

 

mi estrategia es en cambio más profunda y más simple.

 

mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites.

 

Mario Benedetti

 

 

Defensa de la alegría

 

 

Defender la alegría como una trinchera, 
defenderla del escándalo y la rutina, 
de la miseria y los miserables, 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas. 

defender la alegría como un principio, 
defenderla del pasmo y las pesadillas, 
de los neutrales y de los neutrones, 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos. 

defender la alegría como una bandera, 
defenderla del rayo y la melancolía, 
de los ingenuos y de los canallas, 
de la retórica y los paros cardiacos, 
de las endemias y las academias. 

defender la alegría como un destino, 
defenderla del fuego y de los bomberos, 
de los suicidas y los homicidas, 
de las vacaciones y del agobio, 
de la obligación de estar alegres. 

defender la alegría como una certeza, 
defenderla del óxido y la roña, 
de la famosa pátina del tiempo, 
del relente y del oportunismo, 
de los proxenetas de la risa. 

defender la alegría como un derecho, 
defenderla de dios y del invierno, 
de las mayúsculas y de la muerte, 
de los apellidos y las lástimas, 
del azar y también de la alegría.

 

Mario Benedetti
 

 

No se trata de hablar

 

 

No se trata de hablar,
ni tampoco de callar,
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.


Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.


Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.

 

Roberto Juarroz

 

 

La palabra

 

 

La palabra pregunta y se contesta,

tiene alas o se mete en los túneles,

se desprende de la boca que habla

y se desliza en la oreja hasta el tímpano.

 

La palabra es tan libre que da pánico,

divulga los secretos sin aviso

e inventa la oración de los ateos,

es el poder y no es el poder del alma

y el hueso de los himnos que hacen patria.

 

La palabra es un callejón de suertes

y el registro de ausencias no queridas.

puede sobrevivir al horizonte

y al que la armó cuando era pensamiento,

puede ser como un perro o como un niño

y embadurnar de rojo la memoria,

puede salir de caza en silencio

y regresar con el morral vacío

 

La palabra es correo del amor

pero también es arrabal del odio,

golpea en las ventanas si diluvia

y el corazón le abre los postigos.

 

Y ya que la palabra besa 

y muerde,

mejor la devolvemos al futuro.

 

Mario Benedetti

 

 

                                      Elegía del silencio

Silencio, ¿dónde llevas

tu cristal empañado

de risas, de palabras

y sollozos del árbol?

¿Cómo limpias, silencio,

el rocío del canto

y las manchas sonoras

que los mares lejanos

dejan sobre la albura

serena de tu manto?

¿Quién cierra tus heridas

cuando sobre los campos

alguna vieja noria

clava su lento dardo

en tu cristal inmenso?

¿Dónde vas si al ocaso

te hieren las campanas

y quiebran tu remanso

las bandadas de coplas

y el gran rumor dorado

que cae sobre los montes

azules sollozando?

El aire del invierno

hace tu azul pedazos,

y troncha tus florestas

el lamentar callado

de alguna fuente fría.

Donde posas tus manos,

la espina de la risa

o el caluroso hachazo

de la pasión encuentras.

Si te vas a los astros,

el zumbido solemne

de los azules pájaros

quiebra el gran equilibrio

de tu escondido cráneo.

Huyendo del sonido

eres sonido mismo,

espectro de armonía,

humo de grito y canto.

Vienes para decirnos

en las noches oscuras

la palabra infinita

sin aliento y sin labios.

Taladrado de estrellas

y maduro de música,

¿dónde llevas, silencio,

tu dolor extrahumano,

dolor de estar cautivo

en la araña melódica,

ciego ya para siempre

tu manantial sagrado?

Hoy arrastran tus ondas

turbias de pensamiento

la ceniza sonora

y el dolor del antaño.

Los ecos de los gritos

que por siempre se fueron.

El estruendo remoto

del mar, momificado.

Si Jehová se ha dormido

sube al trono brillante,

quiébrale en su cabeza

un lucero apagado,

y acaba seriamente

con la música eterna,

la armonía sonora

de luz, y mientras tanto,

vuelve a tu manantial,

donde en la noche eterna,

antes que Dios y el tiempo,

manabas sosegado.

Federico García Lorca

 

Espejos

Duelen tantas cosas,

¡tantas!

Aquellas, por ejemplo, embadurnadas de azafrán,

que aprisionan espejos hastiados

de contornos y angustiosa ambigüedad.

Mirad cómo en ellos se alarga

el intangible volumen de la inexistencia,

mirad cómo se encogen los ecos

y se abalanzan, formando punteados

y guturales reflejos de la imagen;

mirad cómo el castigo

no se refleja, no se exhibe,

pero muerde, apuñala

y se derrama en jirones de vida

siguiendo el hilo de las canas

y los silencios arrugados

en los muslos de los viejos.

Mirad de qué extraños colores

se disfrazan los cristales

al repartirse los despojos

de un mundo soñado.

Ah, quién pudiera contemplarse

en espejos desiertos

y ser tan sólo aquello

que sueñan las ondas

cuando atraviesan, rozan, hexagonean...

y se dispersan.

(de "Azul en Re Menor", 1982)

Chantal Maillard

 

 

Esa es tu pena

Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los  ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima. 
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera. 
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

Olga Orozco

 

Encuentro

Me tropecé contigo en primavera,
una tarde de sol, delgada y fina,
y fuiste en mi espalda enredadera,
y en mi cintura, lazo y serpentina.

Me diste la blandura de tu cera,
y yo te di la sal de mi salina.
Y navegamos juntos, sin bandera,
por el mar de la rosa y de la espina.

Y después, a morir, a ser dos ríos
sin adelfas, oscuros y vacíos,
para la boca torpe de la gente....

Y por detrás, dos lunas, dos espadas,
dos cinturas, dos bocas enlazadas
y dos arcos de amor de un mismo puente.

Rafael de León

 

Para hacer un talismán

Se necesita sólo tu corazón

hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo, antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.
Si sobrevive aún, si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios;
he ahí un talismán más inflexible que la ley, más fuerte que las armas y el mal del enemigo. 
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela. 
Pero vela con él. 
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra; puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!

 Olga Orozco

 

Retrato de mujer

Debe ser a elección.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale un intento.
Sus ojos son, si cabe, una vez azules, otra vez grises,
negros, alegres, sin causa llenos de lágrimas.
Duerme con él como una cualquiera, única en el mundo.
Le parirá cuatro hijos, ningún hijo, uno.
Ingenua, mas la que mejor aconseja.
Débil, mas podrá con el peso.
No tiene cabeza, pues la tendrá.
Lee a Jaspers, y revistas de mujeres.
No sabe el porqué de este tornillo y construirá un puente.
Joven, como siempre joven, todavía joven.
Sostiene en sus manos un gorrión alirroto,
su propio dinero para un viaje largo y ajeno,
un mazo, una compresa y una copa de vodka.
¿A dónde corre? ¿no está cansada?
Que no, un poco, mucho, no pasa nada.
O le quiere o se empeña.
Por lo bueno, por lo malo y por el amor de Dios.

Wislawa Szymborska

 

Silencio

Así como del fondo de la música,

brota una nota

que mientras vibra crece y se adelgaza

hasta que en otra música enmudece,

brota del fondo del silencio

otro silencio, aguda torre, espada,

y sube y crece y nos suspende

y mientras sube caen

recuerdos, esperanzas,

las pequeñas mentiras y las grandes,

y queremos gritar y en la garganta

se desvanece el grito:

desembocamos al silencio

en donde los silencios enmudecen.

Octavio Paz

 

 

 

 

 

 

 

“Palabras despiertan sentimientos y son el medio universal con que los hombres se influyen unos a otros.”

Sigmund Freud.

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© Claudia Calvo Dufort y Carmen Salinas Ruiz